Los cautivos liberados

Mar 28, 2017 Sin categoría

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Los cautivos que sabían volar

Sin que venga a cuento te dejo una de mis historias preferidas de Santo Domingo de Silos, patrón del pueblo de mi padre y de quien llevo el nombre de Domingo.

De este santo castellano de alrededores del año mil, fundador de la abadía de Silos, se cuentan maravillas pero la que más me impresionó la oí de boca de mi padre cuando era niño y es esta:

Todas las noches el santo después de cantar Completas volaba a tierras de moros más allá del Duero. En su vuelos nocturnos se acercaba tanto a las casas, que rozaba las chimeneas esperando oír las oraciones de los cristianos. Una vez oía el Padre Nuestro o el Ave María se acercaba con sigilo y presentándose ante los excitados cristianos los tomaba de las manos y en un vuelo liberador de cientos de kilómetros los llevaba, sorteando los miraderos de buitres de la Yecla hasta la segura tierra de Silos.

Esta gracia tan especial hizo que los moros temieran sus vuelos redentores. Si al principio bastaba para cuidar a los cautivos un niño con buena puntería, después de que el santo sobrevolara sus aldeas, decidieron que las piedras no eran suficiente y los ataron con grandes cadenas a los tobillos y al cuello, con la esperanza de que el santo difícilmente pudiera con uno y mucho menos con varios a la vez. Además los sacaron de los establos donde los guardaban y por las noches los encerraban en la bodega más angosta y con grandes candados los sujetaban a las paredes. Eran tantas las penurias que sufrían los cristianos, que cada vez oraban con más fuerza con la intención de llamar la atención del santo. Escuchar el zumbido del santo volandero sobre sus cabezas era lo que añoraban.

Antes de media noche el santo regresaba al convento, terminadas sus tareas nocturnas de “salvar la frontera”, con tiempo suficiente para descansar y cantar Vísperas con la voz recuperada a pesar del relente.

Todo había sucedido tan rápido, el vuelo tan fugaz, la noche tan mágica, que los cautivos aún llevaban puestos los grilletes al posarse a la puerta del Monasterio. Unos a otros los vecinos se avisaban “Han llegado nuevos cautivos” “El santo ha volado esta noche” “¡Vienen tan delgados, con tan pocas carnes!” “Tan azotados” Al poco las voces llegaban al herrero que vivía en el arrabal, cerca de la puerta de las murallas. Sus manos ágiles y los golpes certeros en poco más de lo que canta un gallo abrían. Las rozaduras de los hierros eran sus únicas marcas que quedaban

El inmenso miedo el terror que se agarra a las entrañas lo dejaron en la abadía con los grilletes. Ya sódo debían dejar que el tiempo limpiara su corazón de las cicatrices del dolor.

Como recuerdo del milagro los frailes colgaron las cadenas a la vista de todos, a la entrada del claustro, aun hoy se pueden ver, y los padres cuentan esta historia de esperanza a sus hijos.

De niño imaginaba que aquellos cautivos volaban en las noches de luna llena y sus almas felices eran las estrellas fujaces a las que todo niño pide tres deseos.

Por Chomin Alonso

Consejero especializado en liderazgo, comunicación y en resolución de conflictos personales y profesionales. Con un estilo de trabajo contextual y estratégico, desarrolla habilidades encaminadas a la resolución y disolución de las dificultades. Las intervenciones se realizan sobre problemas concretos de comunicación, lo que permite resolver las dificultades en el menor tiempo. La aceptación de la realidad, el compromiso en la acción y la elección de propósitos, valores. El ejercicio de resoluciones estratégicas, en la toma de decisiones bien encaminadas y dar respuestas ágiles, hasta lograr una vida más rica y significativa, completan la consultoría. Especializado en consultoria de dirección de personas, cambio profesional, consejería dirección.

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