Mes: septiembre 2019

Walden la vida en el bosque de cemento.

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Cuando escribí estas páginas vivía solo en la gran ciudad. Ni a mis vecinos, con los que he vivido pared con pared, los he conocido y nada me importa de ellos. Algunos días los veía detrás de las ventanas, escuchaba su música o el ruido chillón de la televisión. En ocasiones sus palabras o algún golpe. Con alguno nunca me he cruzado y dudo mucho que lo haga… Podría seguir describiendo, lo que me rodea, al modo de Thoreau

«Me he movido mucho por aquí y siempre, dondequiera que me haya encontrado, en talleres, oficinas y campos he tenido la sensación de que las gentes hacían penitencia de mil maneras extraordinarias».Thoreau.

Hoy Walden es un bosque de cemento en el que, igual que Toreau, vivimos en soledad. Cientos tal vez millones de personas saben que no existe otro lugar en el que puedan instalarse. La ciudad va con ellos, allá don se muevan. Tanto ha cambiado el mundo en ciento cincuenta años, o tal vez en los años que nos separan de mediados del siglo XX, que muy probablemente podemos decir que éste es otro mundo, un Nuevo Mundo, habitado por las mismas personas de siempre.

Expulsados del Jardín del Edén, apartados de la naturaleza, el hombre actual se ha convertido en esclavo de si mismo, encadenado a un destino del que no puede escapar.

Como Sísifo, Prometeo, Segismundo y tantos otros

«Cuando pienso en mis vecinos, los granjeros de Concord, cuya posición es por lo menos tan buena como la de las otras clases, observo que la mayoría han estado trabajando veinte, treinta o cuarenta años para poder hacerse realmente con su propiedad, que por lo general han heredado con gravámenes o adquirido con capital prestado —y podemos considerar una tercera parte de su labor como coste de sus casas— aunque lo común es que no la hayan pagado todavía» Thoreau.

 

Y sin embargo tenemos Esperanza

Descuidar es incitar.

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Teoría de las ventajas rotas, Zimbardo

Hay muchos y maravillosos experimentos, que siempre nos sorprenden por su ingenio y nos hacen aprender de sus conclusiones.

Philip Zimbardo lideró algunos de los más conocidos como el de la cárcel en la Universidad de Stanford o el de las ventanas rotas. En este último caso probó a dejar 2 coches idénticos abandonados en distintos barrios. El primero lo dejó en el Bronx, zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California.

El coche del Bronx de inmediato fue vandalizado, le robaron todo lo utilizable y destruyeron el resto. El de Palo Alto se mantuvo intacto, hasta que pasada una semana, los investigadores rompieron una ventana. En ese momento se desencadenó el mismo proceso que en el Bronx: robo, violencia y vandalismo.

No era necesidad. La ventana rota transmite deterioro, desinterés y despreocupación que lleva a pasar por encima de las normas de convivencia.

Si no hay ley ni normas ni reglas, entonces “vale todo”.

En experimentos posteriores, James Q. Wilson y George Kelling, desarrollaron la “Teoría de las ventanas rotas”, que concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.

Si se rompe una ventana de un edificio y nadie la repara, pronto estarán rotas todas las demás.

La teoría de las ventanas rotas fue aplicada por primera vez a mediados de los 80 en el Metro de Nueva York, en aquellos años el lugar más inseguro de la ciudad. Se comenzó de lo pequeño a lo más grande: grafitis,suciedad, ebriedad, viajeros sin billete, pequeños robos y desórdenes. Los resultados fueron evidentes, lográndose que este transporte fuese seguro.

La estrategia de la Mala Madre

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Los buenos padres suelen ser las personas mas ingenuas que conozco. Su actitud bondadosa, falta de malicia, y rebosante de candidez les hace ser percibidos como unas personas maravillosos a los ojos de sus buenos hijos. Entonces el amor familiar es un cemento sólido que une a cada uno de los miembros de la familia con la sana intención de que se ayuden los unos a los otros amorosamente. Es lo que llamamos una familia feliz, pero el mundo no es tan predecible y mucho menos las personas.

«Visto un león, están vistos todos, pero visto un hombre, sólo está visto uno, y además mal conocido» Nos recuerda Baltasar Gracián.

Las personas no son iguales, aunque si muy parecidas, por eso no podemos tratarlas de la misma forma, aunque si con estrategias similares.

La estrategia de la mala madre es si se aplica con cuidado en el ámbito familiar una estrategia eficaz y muy resolutiva.

Protagonistas. Una madre (el padre ha de ser un socio y colaborador). Un hijo/a que se ha hecho con el hogar, tal como suena, más o menos déspota e intratable. Un asesor externo motivador e inspirador, que mantenga la estrategia con una leve suavidad sin imposiciones.

Leve aproximación a la estrategia 

¿Cómo actuar entonces? ¿Qué hacer con el león que recrimina, se vuelve arisco, insulta, e incluso llega a amenazar y convierte la convivencia familiar en un infierno? Sencillamente creerle. ¡Sí, creerle!. La estrategia de la mala madre se centra en creerle. Si te grita que eres una mala madre, actúa como tal. Si te dice que no estás en el mundo, sal de él. Si te ataca diciéndote que no le das lo que te pide, muy sencillo, no se lo des. Si habla de que no le gusta la comida que le preparas no se la prepares.  Olvida las tareas que te manda, ya que se queja de que no le haces caso, no se lo hagas, etc. Cualquiera dirá de inmediato que eres una mala madre, incluso el protagonista de la historia: tu hijo o tu hija.

La estrategia de la mala madre cuanto más creativa es más eficaz. Recuerda que es una estrategia para cambiar a un hijo déspota, no una estrategia egoísta y caprichosa. Pero eso es otra cosa.

 

Durante la noche la luz de la ciudad es especial

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Para muchas personas la noche es un tiempo de melancolía especial. Este relato, basado en las experiencias de una querida enfermera, reúne todas esas emociones que acumulamos en nuestro trabajo, aunque en el de ella de una forma más intensa: esfuerzo, cuidado, muerte, ilusión por vivir, soledad…

«A primera hora de la noche la luz de una ciudad es especial. No es natural. Se vuelve anaranjada y oscura. Como el sepia de las fotografías antiguas. Una luz vieja y cansada. No se cuando ocurre el cambio, pero ocurre. Y ocurre todas las noches. Algunas tardes veo la puesta de sol desde la ventana de la cocina, las nubes amarillentas  y rojizas sobre la sierra: en esos días la luz es oscura y transparente. Aguardo a que el sol se oculte tras los montes y entonces me cambio y me pongo la ropa de hacer deporte. Cuando salgo a correr la luz ya ha cambiado. Es la luz de una ciudad, de una gran ciudad y me gusta correr con esa luz, meterme en mis pensamientos y notar como mi cuerpo se cansa y comienza a sudar. Entonces mi respiración se hace más profunda y en invierno, ahora es invierno, me agrada exhalar con fuerza y cruzar mi propio vao, pasar por él como un avión por una nube. Todas las noches corro a la misma hora, después de que el sol caiga, es un buen momento para correr, no hay nadie en el parque y si hay alguna pandilla me alejo de ellos. Son chicos malos, salvajes y dañinos. A las chicas por la noche cuando van solas corriendo por el parque las miran de una forma, que no me gusta. Cuando corro, corro de verdad, me esfuerzo hasta el límite. Me gusta correr de esta forma tan exigente, hasta que dejo de sentir el cuerpo. Entonces no siento ni dolor, fatiga, cansancio. No siento el cuerpo y no se explicar qué siento cuando no siento el cuerpo. Solo sé que entonces me pierdo en mis pensamientos y pasa el espacio y el tiempo y no sabes contar. Y entonces me gusta llorar con lágrimas pesadas, como gotas que caen de un grifo mal ajustado clip, clap. Y cuando las siento caer por mi mejilla ya no quiero parar. Cuanto más inmensas, más abundantes  y constantes  son, mejor me siento  y entonces nada me da miedo, ellas me hacen indestructible, fuerte, poderosa, en ese momento no me fijo si las pandillas están cerca o lejos , me da igual, soy fuerte: lloro. Lloro por gente que conozco desde hace muy poco tiempo, gente que pasa por mi vida con la rapidez del rayo, como Rafclif, gente que me va a dejar en pocos día. Por todos ellos lloro con estas abundantes lagrimas pesadas que tanto me gustan. No llevo la cuenta de cuantas personas he visto morir: ¿Cuántos cientos?. Da igual. Seguro que un número capaz de dejar sin habla a cualquiera. Me alivia estar con personas que pronto van a dar el salto a lo desconocido. Me ayuda acompañarles en estos últimos metros, como se acompañan, en silencio, los enamorados cuando vuelven a casa. Desde hace años me ayuda trabajar con personas que van a morir. Estar cerca de ellos. ¡Aprendo tanto de su muerte!. ¡De su dolor y de su sufrimiento!. Quien me lo iba a decir a mi que tanto he temido encontrarme con la muerte, y ahora me encuentro con ella cada día, sin sentir ese vacío de cuando no queda aire en ti. Nada de aire. Un vacío que absorbe los pensamiento, las ilusión, los sentimientos. Con ellos , con todos ellos, estoy tan cerca de la muerte que siento como me van enseñando a morir. Y se que cuando esto ocurra estarán esperándome al otro lado del río. Y por fin estaré acompañada, aunque sea en esta única verdad de la vida. Por eso me gusta llorar mientras corro bajo esta luz amarilla de esta ciudad.

“No sientas lástima de ti mismo, eso sólo lo hacen los mediocres”[1]. ¿Madrid Blues?.

En Johnny cogió su fusil la enfermera aprende a comunicarse con aquel cuerpo informe, sin rostro, postrado. Un cuerpo que se agita y desespera, que se retuerce. Escribe en su pecho Feliz Navidad, letra a letra con calma, paciencia y amor. Y lo hace llevada por la compasión, que siente hacia Johnny y no por la lastima que le produce verle como un joven cuerpo desmembrado, cautivo,  Hay gente que piensa que los moribundos están cautivos, encerrados en un cuerpo, ciegos sordos, sin poderse mover ni hablar. Igual Johnny. Tras las ventanas del parque ¿cuántos ciegos, sordos, mudos, paralíticos? ¿Cuántos en la pandilla de latinos? ¿Cuántos entre las corredoras nocturnas como yo?¿Qué es lo peor que me puede ocurrir en el futuro? Ninguno de mis queridos amigos tiene futuro, ni pasado, tan sólo les queda el presente. Un presente inmediato instantáneo. El presente de una respiración, de un dolor, de un miedo.

Esta mañana he hablado a N de cómo lavaba la ropa mi madre en el pozo de la huerta de mi abuelo, no sé por qué. A sus 87 años N tiene Síndrome de Richardson-Steele-Olszewsk, las células de su cerebro están muy dañadas, es como si tuviera Parkinson. Dejó dicho que no quería que la mantuvieran viva artificialmente. Ya no se comunica. ¿Como Johnny?. Por eso me gusta hablarla de lo que hacían las mujeres hace tantos años, que puede que alguna neurona reviva y que por un instante N , además de presente tenga pasado: su pasado. Como cualquiera de nosotros. N se acurruca en mis brazos y me gusta sentir su piel como la de un niño, ¡tan suave! Sus hijos sufren porque piensan que sufren. No se si sufre, físicamente no sufre, le ponemos más de la cuenta para que no sufra.  A mi me gusta hablarle de cuando las mujeres lavaban la ropa en los lavaderos publicos, arrodilladas. El frío del agua en invierno agarrándose a sus huesos.  A G le gusta hablar del síndrome de cautiverio. G es muy simple, y a la vez compleja. Es la jefe de nuestro equipo. Tiene dos años más que yo, 35 y parece un libro abierto. Le agrada saber de síndromes y citar de corrido los nombres más enrevesados de cualquier desconocida enfermedad. Y no le gustan las médicas residentes con su curiosidad insana. En el equipo somos una médico, dos enfermeras y un conductor. Nuestra ocupación son los enfermos terminales: cambiamos muy rápido de clientes. De unos maravillosos clientes por los que me gusta llorar con lágrimas tan pesadas como el plomo. Queridos mios: se que me estáis esperando al otro lado del río. Si no lo supiera, me moriría de dolor».

 

[1]Tokio blues. Haruki Murakami

 

Estas dispuesto a quitarte ese peso de la cabeza

gimnasia mentalIgual que haces ejercicio para adelgazar, quitar la grasa inútil de tu cuerpo, el peso que te impide moverte con agilidad, responder con rapidez, saltar como un resorte… la grasa de tu cabeza, esos tus pensamientos desordenados, pesados, que no puedes controlar, se vuelven una carga que te impide pensar con agilidad.

Entre tantas charlas mentales pierdes tu flexibilidad y te vuelves rígido, como si nadie más que tu tuvieras razón.

Este es un plan de adelgazamiento mental, que te ayudará a quitar ese peso desorbitado que han tomado las charlas que tienes en tu cabeza .

Escucha a tu cuerpo.

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Estamos tan maravillado activando la parte derecha de nuestro cerebro o la izquierda o ambas a la vez, que nos olvidamos de nuestro cuerpo.

Hay gente que considera su cuerpo como una máquina torpe que cada vez funciona peor, que se va desgastando con el tiempo, que falla, que se vuelve lenta y pesada… y tienen razón.

Si embargo no paran en sus quejas “Me duele la pierna” “Tengo un tirón en el codo” “Mis vértebras están muy dañadas”  Cada mañana pasan lista y comprueban si cada una de las molestias está en su sitio. Sólo así pueden ponerse en marcha.

“Quería ser bailarina, no pude serlo de niña, y cuando fui mayor decidí que ya había llegado la hora de hacer lo que siempre quise pero entonces mi cuerpo ya no era el cuerpo joven y ahora tengo un gran dolor que me impide casi cualquier movimiento” Cuando entró en la sala, vistiendo un descuidado chándal, zapatillas de deportes, un viejo jersey y cuatro dedos de raíces blancas en su pelo teñido y abandonado, Julia se encontraba bastante desmoralizada, había perdido la confianza en ella, sentía que su gran ilusión de la vida se quedaría en el cajón de los deseos como tantas otras cosas.

Venía a participar a una reunión de trabajo, esa tarde-noche no tenía nada que hacer. Laura se había convertido en una dependiente de terapias alternativas, ya que su médico la había dejado por imposible, principalmente a casusa de un carácter irascible. Alguien le dio mi dirección.

En las conversaciones iniciales ella me dijo de inmediato cargada de razón “Sí, lo tengo claro es mi cabeza la que me impide bailar, la que está machacando mi cuerpo… Y no puedo hacer nada”

Se sentó mal en la sillón y por todos lo medios intentó estar lo más incómoda posible durante la reunión.