Mes: noviembre 2019

Sí o sí envejecerás ¿Lo estás planificando?

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Estamos tan preocupados con nuestro día a día, que olvidamos el futuro que nos viene: la vejez.

El envejecimiento da mal rollo, genera miedo y ansiedad, nos hace pensar en la decadencia física, psicológica y social, que nos acecha. Su llegada nos aparta del trabajo de un modo traumático con un último despido o de modo más amable disfrutando de la jubilación económica adecuada. Así iniciamos una nueva y última etapa en nuestra vida: la vejez.

Lograr una vejez saludable y satisfactoria es ahora el objetivo.

El envejecimiento es un proceso más complejo y largo de lo que podemos imaginar. De modo similar al proceso de convertirnos en adultos, que iniciamos a los 16-18 años en el Instituto y concluye satisfactoriamente con la estabilidad profesional y familiar. Es entre los 45-50 años, cuando iniciamos el proceso de lograr el estilo de envejececimiento, que deseamos.

Con la cercanía de la vejez da comienzo una nueva etapa en nuestra vida, que hemos de  planificar de modo similar, a la juventud y a la adultez, si queremos alcanzar una vejez que satisfaga el deseo de vivir una vida bien vivida.

Definir, planificar, tomar decisiones estratégicas sobre ese momento, nos acercará al potencial que queremos desarrollar en la ultima mitad de nuestra vida. Implicarse activamente con la vida es aceptar cada momento de la misma. Aceptar la llegada del envejecimiento nos permite pilotar acertadamente la última mitad de nuestra vida.

Predecir cómo queremos que sea nuestra vejez, adelantarnos a ella, planificarla, nos permitirá tener una vida más saludable y satisfactoria.

Migrantes de empresa en empresa.

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La migración, ir de una empresa a otra, de un trabajo a otro,  es el único futuro que tiene un profesional en la actualidad.

Antes los emigrantes eran un grupo reducido de personas que gastaban su escaso patrimonio en llegar a un país desconocido e iniciar su vida desde cero. Era su desesperada ilusión. Incluso arriesgaban su vida. Hoy les ocurre lo mismo en manos de traficantes.

En la actualidad cualquier trabajador sabe que a lo largo de su vida, va a tener que migrar, 4, 6, 10 veces o más, entre trabajo y trabajo. ¡Es una realidad!

Puede que no te veas forzado a abandonar tu ciudad, tu provincia o tu país, sin embargo tendrás que ir de una a otra cultura empresarial, ponerte bajo las ordenes de otros jefes (lo de líderes me resulta pedante y falso), compartir el pan con otros compañeros, alcanzar nuevos objetivos, aprender a comunicarte en nuevas lenguas, iniciar nuevas relaciones, etc. Durante más de 40 horas a la semana tu mundo no será su mundo, será algo desconocido e incierto.

Hablamos tanto de migración, de pateras, de trafico de personas, que no reparamos en las grandes autopistas llenas de automóviles conducidos en silencio, del metro y los millones de personas que se bambolean en su interior y de los autobuses que frenan y arrancan. Nos falta distancia para verlas y mucho más cuando somos uno de ellos.

Somos migrantes. Conozco personas que hacen cientos de kilómetros al día para ir a su trabajo ¡Cruzan el Estrecho de Gibraltar varias veces! Otros cientos más son despedidos a diario y otras tantas se felicitan de lograr uno nuevo. ¡Se mueven en un mundo de deslealtades y de incertidumbres! Un mundo duro y complejo: un bosque de cemento. En el que después del último despido dejas de existir.

Somos migrantes entre trabajo y trabajo. Cuanto antes lo aceptemos, antes pondremos solución.