Mes: abril 2020

En este cofinamiento he aprendido una cosa que no sabía.

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Ahora que tanto se lleva airear lo que se ha aprendido en este confinamiento he de reconocer que solo he aprendido una cosa: que la mentira es indestructible y más en democracia.

Ya sabía que tenía que cuidar mi salud y por tanto mi cuerpo. Y ya lo cuidaba, unos días más otros menos, pero caminaba y de vez en cuando iba a un gimnasio, visitaba a mi médico, hacía los respectivos análisis y mantenía hábitos saludables.

También sabía que debía cuidar mis pensamientos y no dejar que se desbocaran. Sabía que no tenía que dar vueltas y vueltas a una rotonda, hiperreflexionando como un adolescente, que debía cortar mis alucinaciones visuales y auditivas, no alimentar miedos, ni dejarme llevar de las fantasías, ni la ansiedad.

Sabía también que la pandemia es un problema de la vida, sorprendente, desmedido tal vez, pero de la vida. La enfermedad, la muerte, la decadencia, la ruina, la desesperación, están en vida y no podemos escapar de ellos.

Sabía que, a la muerte, desde que dejé de ser un adulto joven, no le tengo miedo. Sé que vendrá y confío en que tarde, pues tengo mucho que hacer. Eso sí,  nunca había visto tanta muerte a mi alrededor como ahora: en familiares, o en familiares de amigos y sobrecoge sentirla. El dolor y el sufrimiento han estado muy cerca, incluso en nuestras casas. Pero eso es la vida y ya lo sabía.

También sabía que hay que tener unas firmes creencias y valores y que la religión es un consuelo al que acudimos las personas. Y me ha consolado ver a las personas santas rezar por aquellos que sufren. Siempre he sido católico y siempre, incluso cuando dudaba de Dios, intuitivamente, he sabido que es la mejor religión. Tampoco eso me ha sorprendido

También sabía que entre los que nos dirigen, como en cualquier empresa, o en cualquier organización abundan más los estúpidos, los ambiciosos, los soberbios, los déspotas, que las personas esforzadas, justas y con valores. Claro que hay de ambos y así será siempre.

Sé también que los más débiles son los que más sufren estas horribles situaciones. Ha sido así desde que el hombre es hombre y por mucho que algunos la píen y clamen al cielo y se arranquen las vestiduras no harán nada para que sea de otra manera. Es muy doloroso saber que va a ser como siempre fue y que los demagogos se aprovecharán de su dolor y los especuladores de sus pocos bienes. Así ha sido siempre y nada me hace pensar que va a cambiar

Ahora, lo que no sabía, pero es muy poco importante, que se podía mentir tanto y tanto y tanto sin mover un gesto. Nunca he visto a los mentirosos actuar con tanta seguridad, ni comportarse de una forma tan impúdica. Claro la mentira es así y claro que la conocía, pero dosificada y no en dosis tan altas.

Bien. Esto es lo que me ha enseñado la pandemia.