Categoría: Discriminación por edad. +45

Migrantes de empresa en empresa.

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La migración, ir de una empresa a otra, de un trabajo a otro,  es el único futuro que tiene un profesional en la actualidad.

Antes los emigrantes eran un grupo reducido de personas que gastaban su escaso patrimonio en llegar a un país desconocido e iniciar su vida desde cero. Era su desesperada ilusión. Incluso arriesgaban su vida. Hoy les ocurre lo mismo en manos de traficantes.

En la actualidad cualquier trabajador sabe que a lo largo de su vida, va a tener que migrar, 4, 6, 10 veces o más, entre trabajo y trabajo. ¡Es una realidad!

Puede que no te veas forzado a abandonar tu ciudad, tu provincia o tu país, sin embargo tendrás que ir de una a otra cultura empresarial, ponerte bajo las ordenes de otros jefes (lo de líderes me resulta pedante y falso), compartir el pan con otros compañeros, alcanzar nuevos objetivos, aprender a comunicarte en nuevas lenguas, iniciar nuevas relaciones, etc. Durante más de 40 horas a la semana tu mundo no será su mundo, será algo desconocido e incierto.

Hablamos tanto de migración, de pateras, de trafico de personas, que no reparamos en las grandes autopistas llenas de automóviles conducidos en silencio, del metro y los millones de personas que se bambolean en su interior y de los autobuses que frenan y arrancan. Nos falta distancia para verlas y mucho más cuando somos uno de ellos.

Somos migrantes. Conozco personas que hacen cientos de kilómetros al día para ir a su trabajo ¡Cruzan el Estrecho de Gibraltar varias veces! Otros cientos más son despedidos a diario y otras tantas se felicitan de lograr uno nuevo. ¡Se mueven en un mundo de deslealtades y de incertidumbres! Un mundo duro y complejo: un bosque de cemento. En el que después del último despido dejas de existir.

Somos migrantes entre trabajo y trabajo. Cuanto antes lo aceptemos, antes pondremos solución.

 

¡Adiós autoayuda, adiós!

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Estás en la calle. No tienes trabajo. Te han dado el mes de vacaciones que tanto necesitabas. Comienzas a dormir mal. Tus “amigos” esos que tanto te repetían que contaras con ellos, no se ponen al teléfono. Logras entrevistas para dentro de tres meses “chico estoy muy liado y antes, de verdad, no puedo”. Estás demasiado tiempo sentado en el sillón del salón. Comienzas a jugar con la Tablet. No quieres abrir tu linkedin, ni la app de tu banco. Te quedas en casa y luego te das un paseo por el parque. Todos los días te cruzas con la pandilla de drogatas y con sus camellos. Cada cierto tiempo con la policía. Es una realidad que no imaginabas. Caminas por la ciudad sin rumbo. Entras en una librería y vas a esa maldita estantería ¡Autoayuda! Te sientes mayor. Ya pasas de los 40. Desde la universidad, desde la escuela de negocios, desde que hiciste el último curso de PNL, con el que te premio tu antigua empresa, no habías leído un libro de empresa y ahora estás frente a la estantería de ¡Autoayuda! Como si en ellos estuviera tu salvación. Como si fueran un oráculo que consultar. Como si tuvieran algo nuevo que decir

Cada titulo es más evocador que el anterior: «Pon al día tu autoestima». «Mira el mundo con un microscopio». «Es el momento de ponerte a plantar algo».  «Sueña». «Ahora es tu momento». «Deja atrás la mala racha. La buena suerte: existe». «El cocinero que vendió su mini de segunda mano». «Bienvenido al autobús»

Son muchos más de los que te imaginas. Cientos de libros de autoayuda con títulos sencillos por no decir infantiles.

Cierto, te han despedido y lo único que se te ocurre es un manual para encontrar trabajo: “encontrar trabajo es un trabajo” te repites, “es el momento de transformar mi vida, mis ilusiones, mis familia : ser otro” te repites, “de lograr lo que siempre he querido” te repites, “de terminar con esta mala racha que dura años” te repites.

Tu cabeza se llena de conversaciones.

Dejas de ser el que eras y te conviertes en un nuevo tipo de consumidor: el parado. Pasas por caja y te llevas tres libros interesantísimos.

En la cama los miras. Abres uno, y después otro, y después otro: “Por favor se feliz”. “Las 8 leyes chinas para ser millonario”. “El atajo del mago”.

Lo acabas de entender: ¡Es el momento de tirarlos! De tirar esa literatura autocompasiva, que te trata como un millenial.

Sí, pasas de los 40 años y no eres un tipo indefenso, ni estás alelado, ni eres un inútil. Eres una persona que pasa por una dificultad. Nada más. Una grave dificultad, eso sí.

Cuanto antes lo arregles mejor.