Categoría: Inspiración

¿Has preparado tu evaluación anual?

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Posiblemente la evaluación anual es uno de los hitos más transcendentes a los que se enfrenta un profesional. A nadie le extraña, que antes de afrontarla, se sienta inseguro, con falta de confianza, ansioso, insomne o se lleje llevar por un excesivo optimismo. Las causas por las que no se prepara convenientemente una evaluación son variadas y nos afectan de modo diferente.

Como las avestruces muchos profesionales esconden su cabeza bajo tierra o corren de acá para allá agitados como pollos sin cabeza. Los hay que se llenan de pensamientos catastrofistas del tipo «no valgo» «me van a despedir» «esta empresa no es para mí» o comienzan a hiperreflexionar obsesivamente, otros en cambio, irresponsablemente, confian en su capacidad de improvisar.

La evaluación es uno de esos los rituales empresariales que han venido para quedarse. Tiene mucho de moda y otro tanto de inutilidad tal y como se hace en la actualidad. Aún así, es irremediable pasar por ella. Estar prevenido, preparado, tener claro lo que se ha de decir, no olvidar nada que le favorezca a uno, ser elegante, educado y por supuesto, como recomendaba Gracián, actuar estratégicamente «entrar con la suya para salir con la nuestra». Es la tarea en la que hay que prepararse.

El evaluado ha de tener en todo momento un pensamiento estratégico, decidir cuándo ha de jugar y cuándo no, valorar lo que debe decir y lo que debe callar, etc . Es decir emplear todas las habilidades como un pavo para influir en quien le evalúa. 

Este es el principal marco de juego para quien está siendo evaluado: convertir en socio, aliado, complice al está al otro lado de la mesa, sentado confortablemente y seguro de su poder.

Una buena evaluación supone un año de tranquilidad y de calma.

Como consejero me corresponde estar junto al evaluado y ayudarle a observar, predecir y actuar. Sobre todo actuar. Toda evaluación tiene mucho de actuación. Como dicen los regidores en el teatro: «faltan cinco minutos para salir a escena» ¿Estás preparado?

 

Cómo tener un problema, que te dure toda la vida

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1º.- Elije un recuerdo que te haga sufrir y tenlo presente. Este puede ser el comienzo de un problema para toda tu vida.

2º.- Al principio basta con recordarlo cada cierto tiempo. Empieza recordándolo una o dos veces a la semana, luego aumenta la frecuencia hasta llegar a una vez al día. Si tienes interés por tener gran problema recuérdalo varias veces al día.

3º.- Ahora queda añadir unas gotas de abono para que nada lo destruya. Llevarlo a tu familia. Haz a tu pareja una confidencia del tipo: “la mía fue una infancia sin amor”. Tu pareja lo alimentará a base de cariño.

4º.- Para que sea un problema de los que te quita el sueño, quéjate: “Por mucho que lo intente las cosas no cambian” “Soy incapaz de quitarme este peso de encima”

4º.- Ha llegado el momento de contárselo a un amigo. Elije a uno que no pueda tener la boca cerrada. Explícale el problema como si fuera la primera vez que se lo cuentas a alguien, tómate tiempo y hazlo con todo lujo de detalle. De vez en cuando salpimenta con expresiones del tipo: “Ya me conoces, siempre me pasa a m픓Parece que disfrutan haciéndome daño”

5º.- Sigue con los compañeros de trabajo. Con estos no necesitas ser tan preciso, pon mala cara, como ensimismado, y espera. Ya has echado el anzuelo. Esto es lo que se llama pescar un problema, ¡Sí señor! Ya vendrán a preguntarte.

6º.- Ya tienes un grupo de gente, desde familiares, amigos o desconocidos, que nada más verte te recordarán que tu vida es insufrible, dura y está llena de “problemas”.

7º.- De ahora en adelante es pan comido: pon cara de “me duele el estómago” mientras vas en el metro y fíjate en el resto de pasajeros, todos pasan de ti y parecen llevar unas buenas vidas.  Piensa por un instante “en este vagón nadie me ayuda por mucho que esté sufriendo”.

9º.- ¡Genial!. En muy poco tiempo has conseguido tener un gran problema, que ya empieza a causarte un sufrimiento especial. Eso sí, ni por un momento pienses que has sido tu quien lo ha creado.

10.- Y por último si quieres que dure para toda la vida. Es muy fácil, júzgate continuamente y pregúntate “¿Nunca va a parar este sufrimiento?”

Enhorabuena, ya tienes el problema que buscabas. ¡No lo olvides!

 

Resetea tu vida

Coffee break

Va siendo hora de resetear tu vida. Fíjate. ¿Va lenta?¿Te atascas en algunas decisiones?¿Te has despistado de tu camino?¿Estás bloqueado, asustada?¿Tienes miedo?¿Estas acelerada y no te mueves?¿Quieres quitarte un hábito estúpido?…

Va a ser cierto. Necesitas resetear tu vida. Volver a tu configuración inicial. Reencontrar tus valores originales, quitar los añadidos, y definir los que necesitas para este período de vida que comienza a abrirse paso.

Es el momento de dar al botón de estar centrado, enfocado en lo que te importa, situado en el momento presente. ¡Dar al botón de resetear!

¿Estás dispuesto?

Aquí tienes algunos cambios que vas a conseguir.

1º.-Detener tu sobrecarga mental. Todas esa charla que ocupa más espacio del que hay en tu cabeza.

2º.- Dejar de juzgarte. Para con esa permanente autoevalución en la que siempre pierdes

3º.- No mirar más a tu pasado. Nada va a cambiar, fue como fue. Recuerda que tu pasado no es el culpable de tus malas decisiones hoy.

4º.- Eligir mejor a los compañeros de viaje. Hay gente tóxica, si te unes a ellos acabarás siendo una persona tóxica.

5º.- Observar tu lío. Como si fuera el de otro. Recuerda: tu no eres el problema, el problema es el problema

6º.- Aceptar como eres. Es maravilloso que tomes consciencia de ti mismo

7º.- Comienza a pilotar tu vida. Desactiva el piloto automático. Encuentra sentido a lo que haces, en relación a tu propósito.

8.- Dejar de seguir reglas que no tienen sentido. Tu sabes cuáles son, actúa.

9.- Disfrutar de la conversación. Escucha al otro con atención y respeto él te dará las claves.

10.- Y, por encima de cualquier cosa, comenzar a vivir una nueva vida 

No te dejes discriminar por edad. ¡Actúa!

 

Two businessmen using a tablet computer

La discriminación por edad es más un sentimiento, que una fecha concreta. Comienza «cuando me siento cuestionado por mi edad» y no cuando cumplo una edad determinada.

Para hacernos una idea, es a partir de los 45 cuando comienza el rum-rum «te están saliendo canas» «ya no vales» «estás fuera de juego» «no me queda nada por hacer», pero al llegar 50 se vuelve una cantinela cargante «eres viejo» «si quieres hacer algo tienes que empezar de cero» y a los 55/60 se convierte en un ruido ensordecedor.

Para confirmar que se inicia el proceso de Discriminación por edadhas de prestar atención a las conversaciones de tu alrededor, a los hechos que se suceden y, por supuesto, a tus conversaciones interiores.

Por ejemplo si sientes que estás siendo apartado de un proyecto en el que participas, no eres convocado a las reuniones importantes, no te llega puntualmente, o simplemente no te llega, una información de valor, tus intervenciones son acogidas con silencio y por último están incorporando «savia nueva» y «nuevas ideas» y tu jefe te dice que no te preocupes, que es necesario para que el proyecto vaya adelante , y tienes más de 45 años: lo más seguro es que se esté iniciando un proceso de Discriminado por edad.

Ponte en marcha ¡No esperes más! La discriminación va a ir en aumento hasta que un día, inesperadamente, seas despedido y te sumes a los más de 1.500.000 de discriminados con más de 45 años (2018).

Para que estés atento te dejo un listado de indicadores que confirman, que el proceso de Discriminación por edad, ha comenzado o está a punto de comenzar. En un próximo post veremos como actuar.

Prepárate si escuchas estas frases, estás entrando en el el Reino del No

«No muestras interés por aprender» «No eres flexible mentalmente» «No te adaptas la tecnología». «No eres nativo digital» «Tienes barriguita» «No eres creativo» «Necesitamos ideas nuevas» «No estás comprometido» «No tienes energía» «No eres manejable, te estás volviendo susceptible y rígido» «No sabes trabajar con los jóvenes, tienes que adaptarte» «No entiendes el mundo actual» «No tienes flexibilidad de horarios» «No tienes flexibilidad en el salario» «No eres joven» … «¡Eres viejo para esto!»

¡No te dejes discriminar por edad!

No pierdas ni un minuto, planifica tu respuesta, inicia tu estrategia. Eres valioso y necesario para la sociedad, para tu empresa, para tu familia y para ti. Confía en tu sabiduría.

¡Te queda una tercera parte de tu vida por vivir! ¡Adelante!

10 tips para reorganizar tu vida con +50

Esto no va conmigo!

 

1.- Acepta que el tiempo pasa. Es señal de que estás vivo.

2.- Tus canas son la materia gris tu cerebro. Haz de ellas tu sabiduría.

3.- Ser senior ocupa un tercio de tu vida

4.- Organiza tu vida como un proyecto del que eres responsable. Observa, predice y actúa

5.- Perdónate por no haber logrado todo lo que te propusiste. Se compasivo.

6.- Olvida los malos problemas y céntrate en los buenos. Queda mucho camino por recorrer.

7.- Se creativo e ingenioso. Vive con intensidad y esfuerzo.

8.- Esfuérzate en sonreír. Es contagioso.

9.- Elige los valores que necesitas en este momento de ti vida.

10.- La vida es un regalo. ¡Unas vacaciones pagadas!. ¡Vívela!

Migrantes de empresa en empresa.

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La migración, ir de una empresa a otra, de un trabajo a otro,  es el único futuro que tiene un profesional en la actualidad.

Antes los emigrantes eran un grupo reducido de personas que gastaban su escaso patrimonio en llegar a un país desconocido e iniciar su vida desde cero. Era su desesperada ilusión. Incluso arriesgaban su vida. Hoy les ocurre lo mismo en manos de traficantes.

En la actualidad cualquier trabajador sabe que a lo largo de su vida, va a tener que migrar, 4, 6, 10 veces o más, entre trabajo y trabajo. ¡Es una realidad!

Puede que no te veas forzado a abandonar tu ciudad, tu provincia o tu país, sin embargo tendrás que ir de una a otra cultura empresarial, ponerte bajo las ordenes de otros jefes (lo de líderes me resulta pedante y falso), compartir el pan con otros compañeros, alcanzar nuevos objetivos, aprender a comunicarte en nuevas lenguas, iniciar nuevas relaciones, etc. Durante más de 40 horas a la semana tu mundo no será su mundo, será algo desconocido e incierto.

Hablamos tanto de migración, de pateras, de trafico de personas, que no reparamos en las grandes autopistas llenas de automóviles conducidos en silencio, del metro y los millones de personas que se bambolean en su interior y de los autobuses que frenan y arrancan. Nos falta distancia para verlas y mucho más cuando somos uno de ellos.

Somos migrantes. Conozco personas que hacen cientos de kilómetros al día para ir a su trabajo ¡Cruzan el Estrecho de Gibraltar varias veces! Otros cientos más son despedidos a diario y otras tantas se felicitan de lograr uno nuevo. ¡Se mueven en un mundo de deslealtades y de incertidumbres! Un mundo duro y complejo: un bosque de cemento. En el que después del último despido dejas de existir.

Somos migrantes entre trabajo y trabajo. Cuanto antes lo aceptemos, antes pondremos solución.

 

¡Adiós autoayuda, adiós!

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Estás en la calle. No tienes trabajo. Te han dado el mes de vacaciones que tanto necesitabas. Comienzas a dormir mal. Tus “amigos” esos que tanto te repetían que contaras con ellos, no se ponen al teléfono. Logras entrevistas para dentro de tres meses “chico estoy muy liado y antes, de verdad, no puedo”. Estás demasiado tiempo sentado en el sillón del salón. Comienzas a jugar con la Tablet. No quieres abrir tu linkedin, ni la app de tu banco. Te quedas en casa y luego te das un paseo por el parque. Todos los días te cruzas con la pandilla de drogatas y con sus camellos. Cada cierto tiempo con la policía. Es una realidad que no imaginabas. Caminas por la ciudad sin rumbo. Entras en una librería y vas a esa maldita estantería ¡Autoayuda! Te sientes mayor. Ya pasas de los 40. Desde la universidad, desde la escuela de negocios, desde que hiciste el último curso de PNL, con el que te premio tu antigua empresa, no habías leído un libro de empresa y ahora estás frente a la estantería de ¡Autoayuda! Como si en ellos estuviera tu salvación. Como si fueran un oráculo que consultar. Como si tuvieran algo nuevo que decir

Cada titulo es más evocador que el anterior: «Pon al día tu autoestima». «Mira el mundo con un microscopio». «Es el momento de ponerte a plantar algo».  «Sueña». «Ahora es tu momento». «Deja atrás la mala racha. La buena suerte: existe». «El cocinero que vendió su mini de segunda mano». «Bienvenido al autobús»

Son muchos más de los que te imaginas. Cientos de libros de autoayuda con títulos sencillos por no decir infantiles.

Cierto, te han despedido y lo único que se te ocurre es un manual para encontrar trabajo: “encontrar trabajo es un trabajo” te repites, “es el momento de transformar mi vida, mis ilusiones, mis familia : ser otro” te repites, “de lograr lo que siempre he querido” te repites, “de terminar con esta mala racha que dura años” te repites.

Tu cabeza se llena de conversaciones.

Dejas de ser el que eras y te conviertes en un nuevo tipo de consumidor: el parado. Pasas por caja y te llevas tres libros interesantísimos.

En la cama los miras. Abres uno, y después otro, y después otro: “Por favor se feliz”. “Las 8 leyes chinas para ser millonario”. “El atajo del mago”.

Lo acabas de entender: ¡Es el momento de tirarlos! De tirar esa literatura autocompasiva, que te trata como un millenial.

Sí, pasas de los 40 años y no eres un tipo indefenso, ni estás alelado, ni eres un inútil. Eres una persona que pasa por una dificultad. Nada más. Una grave dificultad, eso sí.

Cuanto antes lo arregles mejor.

No seas tu mismo

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«Compórtate como eres. Sé tu mismo». Es una frase que debería estar prohibida. Ni los motivadores profesionales, ni tu familia, ni tus amigos y mucho menos tus compañeros de trabajo deberían decírtela. Y, por favor, nunca se lo recomiendes a nadie, salvo que sea tu enemigo.

Que alguien te diga «Corre el riesgo de ser tu mismo» es de una ingenuidad tan aplastante, que merece bajar un escalón en tu aprecio. Nadie quiere que seas como eres. Incluso las personas que te aman, querrían cambiar algo en ti.

A nadie le interesa mostrarse tal y como es, sin secretos. Recubierto tan solo por una piel de cristal. ¡A nadie! Y al que menos a ti.

Si te enfrentas a una entrevista de trabajo, a una reunión con tu jefe, quieres una hipoteca, una subida de salario, estás cambiando de trabajo, o buscas una nueva posición. Cuidado. Guarda silencio y planifica, planifica y planifica. Incluso la imagen que debes dar de ti.

La estrategia, la compasión, la habilidad… y por supuesto la sinceridad. ¡Sí! la sinceridad entendida como «no mentira» y «no verdad». Te abrirán las puertas por las que quieres pasar. Y para ello no debes comportarte como eres, has de comportarte como quieres ser percibido, que es otra cosa.

Durante la noche la luz de la ciudad es especial

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Para muchas personas la noche es un tiempo de melancolía especial. Este relato, basado en las experiencias de una querida enfermera, reúne todas esas emociones que acumulamos en nuestro trabajo, aunque en el de ella de una forma más intensa: esfuerzo, cuidado, muerte, ilusión por vivir, soledad…

«A primera hora de la noche la luz de una ciudad es especial. No es natural. Se vuelve anaranjada y oscura. Como el sepia de las fotografías antiguas. Una luz vieja y cansada. No se cuando ocurre el cambio, pero ocurre. Y ocurre todas las noches. Algunas tardes veo la puesta de sol desde la ventana de la cocina, las nubes amarillentas  y rojizas sobre la sierra: en esos días la luz es oscura y transparente. Aguardo a que el sol se oculte tras los montes y entonces me cambio y me pongo la ropa de hacer deporte. Cuando salgo a correr la luz ya ha cambiado. Es la luz de una ciudad, de una gran ciudad y me gusta correr con esa luz, meterme en mis pensamientos y notar como mi cuerpo se cansa y comienza a sudar. Entonces mi respiración se hace más profunda y en invierno, ahora es invierno, me agrada exhalar con fuerza y cruzar mi propio vao, pasar por él como un avión por una nube. Todas las noches corro a la misma hora, después de que el sol caiga, es un buen momento para correr, no hay nadie en el parque y si hay alguna pandilla me alejo de ellos. Son chicos malos, salvajes y dañinos. A las chicas por la noche cuando van solas corriendo por el parque las miran de una forma, que no me gusta. Cuando corro, corro de verdad, me esfuerzo hasta el límite. Me gusta correr de esta forma tan exigente, hasta que dejo de sentir el cuerpo. Entonces no siento ni dolor, fatiga, cansancio. No siento el cuerpo y no se explicar qué siento cuando no siento el cuerpo. Solo sé que entonces me pierdo en mis pensamientos y pasa el espacio y el tiempo y no sabes contar. Y entonces me gusta llorar con lágrimas pesadas, como gotas que caen de un grifo mal ajustado clip, clap. Y cuando las siento caer por mi mejilla ya no quiero parar. Cuanto más inmensas, más abundantes  y constantes  son, mejor me siento  y entonces nada me da miedo, ellas me hacen indestructible, fuerte, poderosa, en ese momento no me fijo si las pandillas están cerca o lejos , me da igual, soy fuerte: lloro. Lloro por gente que conozco desde hace muy poco tiempo, gente que pasa por mi vida con la rapidez del rayo, como Rafclif, gente que me va a dejar en pocos día. Por todos ellos lloro con estas abundantes lagrimas pesadas que tanto me gustan. No llevo la cuenta de cuantas personas he visto morir: ¿Cuántos cientos?. Da igual. Seguro que un número capaz de dejar sin habla a cualquiera. Me alivia estar con personas que pronto van a dar el salto a lo desconocido. Me ayuda acompañarles en estos últimos metros, como se acompañan, en silencio, los enamorados cuando vuelven a casa. Desde hace años me ayuda trabajar con personas que van a morir. Estar cerca de ellos. ¡Aprendo tanto de su muerte!. ¡De su dolor y de su sufrimiento!. Quien me lo iba a decir a mi que tanto he temido encontrarme con la muerte, y ahora me encuentro con ella cada día, sin sentir ese vacío de cuando no queda aire en ti. Nada de aire. Un vacío que absorbe los pensamiento, las ilusión, los sentimientos. Con ellos , con todos ellos, estoy tan cerca de la muerte que siento como me van enseñando a morir. Y se que cuando esto ocurra estarán esperándome al otro lado del río. Y por fin estaré acompañada, aunque sea en esta única verdad de la vida. Por eso me gusta llorar mientras corro bajo esta luz amarilla de esta ciudad.

“No sientas lástima de ti mismo, eso sólo lo hacen los mediocres”[1]. ¿Madrid Blues?.

En Johnny cogió su fusil la enfermera aprende a comunicarse con aquel cuerpo informe, sin rostro, postrado. Un cuerpo que se agita y desespera, que se retuerce. Escribe en su pecho Feliz Navidad, letra a letra con calma, paciencia y amor. Y lo hace llevada por la compasión, que siente hacia Johnny y no por la lastima que le produce verle como un joven cuerpo desmembrado, cautivo,  Hay gente que piensa que los moribundos están cautivos, encerrados en un cuerpo, ciegos sordos, sin poderse mover ni hablar. Igual Johnny. Tras las ventanas del parque ¿cuántos ciegos, sordos, mudos, paralíticos? ¿Cuántos en la pandilla de latinos? ¿Cuántos entre las corredoras nocturnas como yo?¿Qué es lo peor que me puede ocurrir en el futuro? Ninguno de mis queridos amigos tiene futuro, ni pasado, tan sólo les queda el presente. Un presente inmediato instantáneo. El presente de una respiración, de un dolor, de un miedo.

Esta mañana he hablado a N de cómo lavaba la ropa mi madre en el pozo de la huerta de mi abuelo, no sé por qué. A sus 87 años N tiene Síndrome de Richardson-Steele-Olszewsk, las células de su cerebro están muy dañadas, es como si tuviera Parkinson. Dejó dicho que no quería que la mantuvieran viva artificialmente. Ya no se comunica. ¿Como Johnny?. Por eso me gusta hablarla de lo que hacían las mujeres hace tantos años, que puede que alguna neurona reviva y que por un instante N , además de presente tenga pasado: su pasado. Como cualquiera de nosotros. N se acurruca en mis brazos y me gusta sentir su piel como la de un niño, ¡tan suave! Sus hijos sufren porque piensan que sufren. No se si sufre, físicamente no sufre, le ponemos más de la cuenta para que no sufra.  A mi me gusta hablarle de cuando las mujeres lavaban la ropa en los lavaderos publicos, arrodilladas. El frío del agua en invierno agarrándose a sus huesos.  A G le gusta hablar del síndrome de cautiverio. G es muy simple, y a la vez compleja. Es la jefe de nuestro equipo. Tiene dos años más que yo, 35 y parece un libro abierto. Le agrada saber de síndromes y citar de corrido los nombres más enrevesados de cualquier desconocida enfermedad. Y no le gustan las médicas residentes con su curiosidad insana. En el equipo somos una médico, dos enfermeras y un conductor. Nuestra ocupación son los enfermos terminales: cambiamos muy rápido de clientes. De unos maravillosos clientes por los que me gusta llorar con lágrimas tan pesadas como el plomo. Queridos mios: se que me estáis esperando al otro lado del río. Si no lo supiera, me moriría de dolor».

 

[1]Tokio blues. Haruki Murakami